De un libro al archivo vivo de inspiración
Allá por diciembre de 2025, cuando empezamos a pensar en que este año se cumplirían los 20 años de /nk, tuvimos varias ideas, y entre ellas hacer algo más parecido a un libro. Una pieza que quedara en el tiempo. Algo así como un recorrido de lo vivido en todos estos años.
Trajimos referencias, miramos piezas, revisamos formatos y debo confesar que había algo lindo en esa búsqueda: nos hacía mirar hacia atrás. Queríamos entender qué había pasado, que valía la pena contar, poner en perspectiva el recorrido y tratar de darle sentido a todos estos años. Que, vale la aclaración, muy pocos conocían el total de la historia dentro del estudio.
20 años es una bocha de tiempo y en mi caso, es literalmente la mitad de mi vida (se me cayó una sota). Si lo miro de esa manera se vuelve aún más raro, porque en el medio pasó de todo, tanto en lo personal como en lo profesional.
En 2006 hacía sitios en Flash. Después Flash murió. Pasamos a HTML5. Hicimos nuestros primeros CMS con Angular 1 y hoy hablamos de vibe coding, AI, headless CMS y cosas que hace unos años ni imaginábamos. Pasamos de hacer “logos” a crear estrategias integrales de branding. Cambiaron las herramientas, los procesos, las estructuras de equipo, los clientes, las plataformas y los tiempos.
Cambió todo. O casi todo.
Encontramos algo que, de distintas formas, estuvo presente durante todos estos años. Algo que quizás no siempre nombramos igual, ni vivimos de la misma manera, pero que funciona como un hilo conductor bastante constante: la inspiración.
Cuando apareció sobre la mesa como insight para contar nuestros 20 años, no sabíamos exactamente qué hacer con eso. Sabíamos que había “una punta” ahí, pero todavía no tenía forma. Muchas veces las ideas empiezan así: como una intuición por la mitad. Algo que aparece, que no termina de cerrar, pero que tiene suficiente fuerza como para seguir dándole vueltas.
Vivimos en una industria y en un tiempo donde todo empuja a producir más rápido, resolver más rápido, presentar más rápido y pasar al siguiente tema más rápido. Este proyecto nos puso blanco sobre negro algo bastante simple: las ideas también necesitan tiempo.
Necesitan conversaciones.
Necesitan dudas.
Necesitan cambiar de forma.
Necesitan pasar por momentos donde alguien del equipo diga “che, no sé muy bien a dónde va esto”, y que esa duda no mate la idea, sino que la ayude a encontrar una mejor versión.
Eso fue un poco lo que nos pasó.
Como parte de ese proceso, en algún momento dejamos de preguntarnos qué queríamos mostrar y empezamos a preguntarnos qué nos había traído hasta acá. Y eso fue la inspiración de seguir empujando día a día. Entonces, qué mejor tomar eso como punto de partida.
Desde hace varios años hablamos de /nk desde la idea de inspirar personas. Nuestro claim profesa: “We empower brands to inspire people” como una forma de decir algo que siempre está en el centro del estudio: hacer proyectos que muevan la aguja, que generen impacto, que potencien negocios, que conecten… en definitiva, que inspiren.
En el medio de todo ese proceso, el click más fuerte apareció cuando llegamos a un insight mucho más profundo: ese tagline era la resultante de algo que nos pasaba muy a menudo.
Antes de inspirar, fuimos inspirados.
Y eso nos hizo profundizar más en la idea de cómo celebrar los 20 años.
Soy de los que cree que una idea no se vuelve buena solamente porque está bien ejecutada, bien diseñada, bien escrita, bien programada, bien animada, bien presentada. Puede cumplir el brief, respetar el timeline y verse impecable. Pero si no conecta con algo más profundo, si no encuentra una razón para existir más allá de un delivery, difícilmente deje algo.
Y lo que queríamos hacer era algo mucho más profundo que un “lindo sitio” repleto de efectos, WebGL y smooth scroll. Queríamos encontrar una forma que nos representara de verdad.
En febrero empezamos a mandar las invitaciones. Todas personalizadas, con una referencia concreta a lo que nos había inspirado de cada una de las personas que invitamos: clientes, colaboradores, amigos, referentes y gente de la industria.
A principios de marzo empezaron a llegar las primeras respuestas. Me acuerdo especialmente de la primera que recibí. Fue la de Liva Grinberga, a quien conocí en una de las Awwwards Conf. Cuando leí su historia me emocioné mucho. Sentí que el proyecto dejaba de ser una idea y empezaba a convertirse en algo real.
Mati, nuestro CTO, después lo dijo de una forma muy honesta: “me acuerdo todavía las primeras charlas que decía: ‘qué falopeada quiere hacer Lucas’, y ahora lo veo bajado y es increíble”.
Y terminó diciendo algo que para mí fue enorme: que debía ser “uno de los sitios más lindos que hicimos sin dudas”.
Ese contraste me encanta porque explica muy bien el proceso de encontrarle forma a una idea.
La gran mayoría de las ideas necesitan pasar por la duda. Por el “no sé si va por acá”. Por el poner en jaque. No para debilitarlas, sino para enriquecerlas.
Después pasaron cosas todavía más mágicas. Le escribí a Paula Scher, una de las diseñadoras más influyentes del mundo, pensando que quizás nunca iba a responder. Y en menos de un día me contestó diciendo que sí, que estaba all-in con el proyecto. Y nos compartió su historia de cómo fue que hizo su carrera, con apenas un feedback de 3 palabras. Eso nos confirmaba que algo estaba pasando con esa idea.
Cuando finalmente lanzamos el sitio, esa sensación se materializó desde otro lugar.
Nos escribieron cosas hermosas. Que habían llorado recorriéndolo. Que era difícil hacer algo tan conmovedor. Que se les había puesto la piel de gallina. Que era “un regalo que le estábamos haciendo al mundo”.
Las ideas que valen la pena no siempre nacen de la noche a la mañana. A veces sí. Pero muchas veces necesitan madurar. Necesitan que las miremos más, que preguntemos más, que conectemos más cosas y que les demos espacio para encontrar su forma.
Este proyecto fue una forma de celebrar 20 años, sin duda.
Pero también fue una forma de recordar que las ideas necesitan evolución, tiempo y una razón para existir.
Lucas
/nk.studio
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