Hace un tiempo nos llegó un formulario por la web de /nk.
Era Captain Fresh.
Por el nombre, mi primera asociación fue bastante obvia: pescado, mar… y si me esforzaba un poquito más, por mi fanatismo con Piratas del Caribe, llegaba a entrar Jack Sparrow en la historia. 😅
Chiste mediante, contestamos.
Tuvimos una primera conversación, después otra, empezamos a conocer al equipo y a entender qué estaban buscando.
Captain Fresh había nacido alrededor de tecnología y supply chain dentro de la industria del seafood, pero muy rápido nos dimos cuenta de que describirla solamente de esa manera era quedarse bastante corto.
Estaban creciendo, adquiriendo compañías, integrando marcas, entrando en nuevos mercados. Construyendo una organización cada vez más global.
Y creo que fue en una conversación con su CEO cuando apareció por primera vez ese pensamiento bastante simple: Ok. Esto es grande.
No fue una revelación hollywoodense ni mucho menos eh. Tampoco es que hasta ese momento no entendiéramos lo que estábamos haciendo.
Fue más bien ir tomando dimensión. Cada conversación agregaba una pieza más. Y nuestro desafío era exactamente el contrario: cómo hacer para sacar piezas hasta que toda esa complejidad pudiera entenderse de una manera simple.
Porque el proyecto había empezado con un objetivo bastante concreto.
Crear una pieza audiovisual de poco más de un minuto que iba a ocupar un lugar central en la nueva experiencia digital de Captain Fresh y que, al mismo tiempo, pudiera vivir por sí sola para contar la historia de la compañía.
Un minuto y monedas para explicar todo eso.
Lindo quilombo desafío.
Primero tuvimos que entender. Mucho.
Desde qué hacía realmente Captain Fresh, hasta cómo se conectaban las distintas compañías. Qué papel ocupaban la tecnología, la distribución, las marcas y los mercados. Qué era importante para el negocio. Qué era importante para la historia. Y, quizás más difícil todavía, qué no hacía falta contar.
Después empezó lo proyectual: Una conversación que llevaba a una idea, una idea a un guión, el guión a un storyboard, el storyboard a keyframes y los keyframes que empezaban a moverse.
Algo que en papel parecía funcionar bien dejaba de funcionar cuando tenía cinco segundos de animación. Una transición que nos obligaba a cambiar la escena anterior para que haga sentido con la historia.
O mismo un comentario hacía desaparecer algo que habíamos trabajado durante días. Otra pequeña decisión hacía que todo lo que venía después se entendiera mejor. Y así varias veces.
Una enorme cantidad de personas tomando una enorme cantidad de decisiones, grandes y chiquitas, para que al final el resultado pareciera sencillo.
Y casi nunca funciona así. Las ideas se construyen.
Se discuten.
Se prueban.
Se rompen.
Se vuelven a armar.
Se simplifican.
Y, sobre todo, mejoran cuando un montón de personas empujan en la misma dirección. Con Captain Fresh pasó exactamente eso.
La pieza audiovisual empezó a darle forma al storytelling de su nueva presencia digital. Mientras avanzábamos fuimos acompañando también otras decisiones, ayudando a trasladar esa narrativa al sitio y colaborando cada vez más cerca con su equipo.
Un entregable fue llevando a otro. Una conversación abrió otra.
Y lo que inicialmente había sido una colaboración bastante específica terminó convirtiéndose en algo mucho más amplio.
Ayer, mirando LinkedIn, me encontré con un post de Sohini, una las personas que estuvo del otro lado de todo este proceso.
Me pareció espectacular porque en una frase sintetizaba todo ese proceso.
No hacer algo distinto para llamar la atención. No diseñar algo raro porque sí. Sino entender lo suficiente una organización como para ayudarla a mostrarse como realmente es.
Y que, cuando finalmente sale al mundo, alguien pueda verlo y pensar:
“Esto no se parece a nada de lo que esperaba.” En el mejor sentido posible. de la frase.
Después me quedé pensando en todo lo que tuvo que pasar para llegar hasta ese comentario. Alguien del otro lado del mundo buscando quién podía ayudarlo, encontrar miles de agencias y estudios, elegir a unas cuantas, mandar un formulario, contestarlo, reunirnos, cruzar referencias de clientes previos que ayudaran a construir confianza a miles de kilómetros de distancia. Personas de Captain Fresh abriendo su negocio y su visión.
Hasta que, bastante tiempo después, todo eso se convierte , en poco más de un minuto y en una experiencia web, que parece contar una historia con naturalidad.
Es medio efecto mariposa . Y quizás por eso me gusta tanto este proyecto.
Porque muchas veces hablamos de mover la aguja de las organizaciones con las que trabajamos.
Pero no siempre sabés cuánto la vas a poder mover cuando arranca una conversación. No siempre sabés hasta dónde puede crecer una colaboración. Y tampoco sabés qué cantidad de pequeñas decisiones van a tener que alinearse para que, al final, algo realmente funcione.
A veces todo empieza con un formulario.
Y un tiempo después te encontrás mirando algo terminado y pensando:
Qué loco todo lo que tuvo que pasar para llegar hasta acá.
Quizás esa sea una buena definición de hacer lo que hacemos.






























































