Hoy quiero hablar de hacer las cosas más rápido.
Spoiler alert: sí, tiene que ver con AI. Pero también tiene que ver con velocidad, con procesos, con industria y, sobre todo, con una pregunta que empieza a aparecer cada vez más fuerte: ¿Cómo hacemos para generar más impacto, en menos tiempo? No más rápido porque sí.
Más rápido para ayudar a organizaciones que necesitan mover la aguja, mejorar indicadores, salir antes al mercado, aprender antes y entender si lo que están construyendo realmente funciona.
Todo lo que viene pasando con AI nos atraviesa de punta a punta. Lo probamos, lo discutimos, lo usamos, lo cuestionamos. Todos los días.
Pero también es cierto que a veces todo va tan rápido que nos deja mirando la pantalla con cara de: ok, ¿y ahora cómo sigue esto? ¿Qué va a pasar con la industria en los próximos años?
La respuesta más honesta que tengo es: no tengo la más remota idea. Y, para ser sincero, desconfiaría bastante de cualquiera que diga tenerla demasiado clara.
Lo que sí hay son señales. Momentos que ponen en jaque la forma de trabajar y te hacen preguntarte si el proceso que usaste durante años sigue siendo el mejor camino posible para lo que viene.
Hace unos meses nos pasó precisamente eso con un cliente.
Nos habían convocado para ayudarlos a hacer un revamp de su presencia digital. Una nueva mirada para su sitio, su sistema visual, su experiencia, sus animaciones, sus ilustraciones, su arquitectura de información y la forma en la que la marca se presentaba hacia afuera.
En términos de diseño, era un proyecto con muy buen fit para /nk: estrategia, sistema, identidad, narrativa, interacción. Una oportunidad clara para mejorar cómo esa organización se mostraba y contaba lo que hacía.
El alcance estaba claro desde el día uno: necesitaban solamente diseño. Hicimos nuestra magia: Preguntamos, diseñamos, ajustamos, ordenamos, entregamos los assets y seguimos adelante con otros proyectos.
Hasta que una semana y media después el cliente nos manda un mensaje con un enlace: “Chicos, miren cómo está quedando.” Abrimos el link. Y el sitio estaba prácticamente live. La primera reacción fue: “What the fuck. ¿Qué mi3rda pasó acá?”
¿Estaba perfecto? No. ¿Tenía esa craft fino que nosotros solemos hacer y que muchas veces diferencia nuestros proyectos? Tampoco.
Pero estaba bien. Muy bien. En términos funcionales, resolvía. Y, sobre todo, en términos de tiempo fue una locura. Algo que antes podía llevar dos o tres meses, de pronto estaba tomando forma en una semana y media.
Y ahí empezó una especie de ingeniería inversa. Tomamos como punto de partida, ese mismo Figma que le pasamos al cliente y nos preguntamos:
¿Qué proceso imaginamos que pudo haber sucedido, pero llevado a una versión con toda la impronta y el criterio de /nk para hacer sitios que realmente marquen la diferencia?
Volvimos a mirar nuestro /nk.engine, que es algo asi como una especie de hub interno donde documentamos procesos, aprendizajes y formas de trabajar. Y nos pusimos a trabajar en una versión actualizada de nuestro starter para proyectos web.
La premisa era súper clara: si el diseño está mucho más cerca del resultado final, el resto del flujo puede cambiar por completo.
No debería ser diseño por un lado, desarrollo por otro, contenido después, CMS más tarde, QA al final y una larga lista de ajustes en el medio.
Apuntamos a que el proceso con AI pudiera tomar el diseño de Figma, generar las maquetas, interpretar la estructura, construir secciones dinámicas, incorporar ese WOW effect que solemos poner como diferencial con los distintos skills que estamos armando, integrarlo con un headless CMS y dejar todo preparado para correr un proceso de QA mucho más automatizado.
Al cabo de dos semanas (y muchos tokens quemados) teníamos una versión de ese website mucho más cercana a lo que habíamos pensado originalmente, en tiempo récord.
Hoy muchos sitios hechos íntegramente con Claude, ChatGPT, Cursor o la herramienta de moda empiezan a tener el mismo olor, el mismo ritmo, la misma estructura, la misma falta de alma.
Es acá donde hay una oportunidad enorme. Seguir ofreciendo ese diferencial que hace que algo se sienta propio, cuidado, pensado, y logrando que el tiempo que invertimos en un proyecto esté mucho más puesto en lo que realmente importa.
Cómo contar mejores historias. Cómo generar más impacto. Cómo hacer que una organización pueda explicar mejor su propuesta de valor. Cómo mover la aguja. Y todo eso con menos tiempo perdido en tareas repetitivas, cargas manuales, pases eternos entre equipos, errores evitables o ajustes que no agregan valor.
Como vengo diciendo hace rato: si sos choto, con AI vas a seguir siendo choto, pero más rápido. Y si sos bueno, probablemente puedas ser bueno más rápido.
No tenemos la verdad absoluta. No sabemos cómo va a ser la industria dentro de diez años. No sabemos qué herramientas van a quedar, cuáles van a desaparecer, ni qué parte del proceso va a volver a cambiar dentro de seis meses.
Pero sí sabemos algo: tenemos que tener la inteligencia suficiente para leer lo que está pasando y ajustar lo que haga falta. Es un poco como cambiar la turbina del avión mientras estás en el aire. Sin correr detrás de cada herramienta nueva como si fuera una solución mágica.
Y sin perder de vista lo que realmente suma valor.
El punto no es hacer más rápido cualquier cosa.
El punto es hacer más rápido lo importante.
Hoy más que nunca me resuena el famoso “stay hungry, stay foolish” de Steve Jobs, con una vigencia igual o más fuerte que cuando lo escuché por primera vez.
- Seguir atentos.
- Seguir incómodos.
- Seguir aprendiendo.
Y seguir buscando la mejor forma de generar impacto real. Más rápido, sí.
Pero más único también.
Lucas
/nk.studio





























































