Nos estábamos ahogando en una presentación sobre respirar.

Año2026

Nos estábamos ahogando en una presentación sobre respirar.

Nos estábamos ahogando en una presentación sobre respirar.

Una pausa inesperada nos llevó a trabajar con James Nestor, autor de Breath, y nos recordó algo esencial sobre las marcas: conectar con las personas.

Hace un tiempo tuvimos la oportunidad de trabajar con James Nestor, autor de Breath, uno de los libros más fascinantes que leí sobre algo que hacemos unas 25.000 veces por día sin siquiera pensarlo: respirar.

Un bestseller internacional que vendió millones de ejemplares y que, a través de investigaciones, experimentos y prácticas milenarias, explora cómo algo tan simple como la manera en que respiramos puede influir en nuestra salud, nuestro descanso y nuestro bienestar.

Si no lo leíste, te lo recomiendo muchísimo.

Pero esta news no es sobre el libro. O quizás sí, un poco, ya me dirán qué les parece.

Todo empezó cuando nos recomendaron para trabajar en un proyecto en Estados Unidos vinculado a James y su equipo. Querían llevar todo ese universo que había nacido con Breath un paso más allá: construir una marca, una comunidad y un espacio donde las personas pudieran aprender a respirar mejor y llevar esos aprendizajes a su vida cotidiana.

Para nosotros era una oportunidad espectacular.

En primer lugar, porque personalmente soy bastante fan de todo lo relacionado con el mindfulness. Segundo, porque trabajar con alguien que había dedicado tantos años a investigar y divulgar algo tan importante me parecía un privilegio enorme. Y tercero, porque había un desafío que me encantaba: transformar todo ese conocimiento en una marca.

Así que intercambiamos algunos mails, tuvimos una primera reunión donde hicimos preguntas de todo tipo para entender mejor el proyecto y hasta empezamos a imaginar cómo podía sentirse esa experiencia mientras hablábamos con ellos por primera vez.

Pero paráaaaa un poco, cheeee.

¡Todavía teníamos que conseguir que confiaran en nosotros!

Habían pasado apenas unos mails y una reunión. Y nosotros, en nuestra cabeza, ya estábamos trabajando juntos.

Las ganas nos habían ganado. (Perdón por eso, James 🙏).

Bueno, acá empieza lo divertido de la historia.

Mientras estábamos preparando la presentación comercial: credenciales, proyectos, referencias, metodología, equipo, tiempos, números, etc. Slides y más slides que no paraban de aparecer. Sumemos este caso, contemos tal cosa, no nos olvidemos de traer esto al frente.

Queríamos demostrarles que éramos los indicados. Que entendíamos el negocio, que teníamos experiencia, que podíamos acompañarlos en semejante desafío.

Hasta que en una revisión interna nos miramos y dijimos algo así como:

“Pará. Estamos haciendo una presentación para un proyecto que busca que las personas respiren mejor y nosotros los estamos ahogando a información”.

Era ridículo, lo pienso y me río solo.

Nosotros mismos estábamos haciendo exactamente lo contrario de lo que proponíamos para la marca.

¿Y si en lugar de seguir hablando, les pedíamos que pararan un segundo?

Medio como de sorpresa, y literalmente hicimos eso: sumamos un slide que decía “TAKE A BREATH”.

Los invitamos a que cerraran los ojos, hicieran una pausa y respiraran. Nos causó bastante gracia imaginar la situación. Un equipo de Argentina, presentándose ante un cliente de Estados Unidos que no nos conocía, pidiéndole que dejara de mirar la presentación para ponerse a respirar.

Podía salir espectacular o podían pensar que estábamos completamente locos. Pero bueno, el no ya lo teníamos.

En medio de aquella primera presentación comercial, frenamos la vorágine de los slides y los invitamos a respirar.

Unos segundos. Sin casos de éxito, sin premios, sin hablar de ellos ni de nosotros. Solo una pausa. Y créanme que fue hermoso.

Todavía no sé si esa pausa fue lo que terminó inclinando la balanza, pero sí sé que esa reunión fue el comienzo de una relación que nos permitió trabajar juntos en el proyecto.

Al final fue su libro el que nos había ayudado a entender su negocio. Y, sin querer, también nos había ayudado a conectar con ellos.

A esta altura creo que respirar también es parte de construir una marca.

Después sí, vino el trabajo de construir la marca: las conversaciones, las ideas que funcionaban y las que no, los cambios de dirección, las pruebas y las decisiones que fuimos tomando juntos para darle forma a la identidad.

Exploramos cómo traducir esa sensación de volver al centro a un sistema visual. Cómo podía comportarse la marca en movimiento, cómo podían respirar sus animaciones, qué colores y qué ritmo acompañaban mejor lo que queríamos transmitir.

Mucho trabajo y mucha co-creación.

Pero mientras escribo estas líneas, no puedo evitar pensar en lo poco que paramos.

Vivimos acelerados. Corremos de una reunión a otra. Saltamos entre mensajes, notificaciones, entregas y pendientes. Estamos permanentemente intentando hacer más cosas en menos tiempo.

Y no sé ustedes, pero a mí me cuesta creer que nuestra mente esté preparada para procesar semejante cantidad de información, estímulos y distracciones, todo al mismo tiempo.

Y ahora, con todas las herramientas que tenemos a disposición, podemos producir, generar, automatizar y acelerar prácticamente cualquier cosa.

Es espectacular. Y al mismo tiempo, un poco agotador, ¿no?

A veces siento que estamos tan obsesionados con avanzar que nos olvidamos de preguntarnos hacia dónde.

Con las marcas pasa algo parecido. Podemos producir cien piezas de contenido en el tiempo que antes nos llevaba hacer diez. Podemos multiplicar los mensajes, los canales y los puntos de contacto.

Pero nada de eso garantiza que alguien del otro lado sienta algo.

Porque al final las marcas siguen hablando con personas.

Personas que están cansadas, que tienen mil cosas en la cabeza, que viven corriendo de un lado para el otro. Exactamente como nosotros aquel día preparando la presentación.

Creo que eso es lo más lindo de esta historia, donde al final de cuentas no hicimos nada extraordinario. Simplemente entendimos que, para una marca que invitaba a las personas a reconectar con algo tan esencial como su respiración, lo mejor que podíamos hacer era empezar por ahí.

Antes de explicarles nuestra visión, los invitamos a experimentarla.

En una época en la que todo parece empujarnos a hacer más, más rápido y con menos esfuerzo, quizás algunas de las mejores ideas sigan apareciendo cuando hacemos exactamente lo contrario.

Cuando escuchamos. Cuando prestamos atención. Cuando nos animamos a bajar un cambio y conectar de verdad con las personas que tenemos enfrente.

Porque por más que cambien las herramientas, las tecnologías y las maneras de comunicarnos, hay algo que no cambia.

Del otro lado siempre hay una persona.

Y a veces, para conectar con ella, alcanza con respirar un segundo.

PD: Y ya que hablamos tanto de respirar, te dejo una de mis canciones favoritas de Pearl Jam: Just Breathe. Si podés, regalate unos minutos antes de seguir con el resto del día.

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Lucas Nikitczuk

Por Lucas Nikitczuk
CEO & Founder

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